10 de marzo de 2014

Motivar sin incentivos

                                   

Estamos instalados en la crisis, por lo que analizar cada euro que gasta la empresa es fundamental para su viabilidad futura. Durante periodos de bonanza, las empresas solían utilizar métodos tendentes a la compensación económica para lograr la implicación de sus trabajadores, sin embargo el panorama actual, hace necesario agudizar la mente y buscar otras alternativas más cercanas a la gestión de las emociones como elemento conductor para conseguir involucrar, integrar y cohesionar a las personas en el desempeño de sus funciones. Al fin y al cabo lo que produce bienestar  a menudo suele ser gratis.


Que las personas se sientan parte del proyecto empresarial es vital, sobre todo en los momentos que vivimos, donde se realiza un mayor esfuerzo por una compensación económica igual o menor que hace algún tiempo. El trabajador que se siente parte del trabajo diario, pieza necesaria en su funcionamiento, aporta su granito de arena para conseguir un clima laboral más armónico. Pero para ello, las personas deben sentirse felices con lo que hacen, valoradas y recompensadas en un entorno en el que se sientan bien.
Algunas de las técnicas más sencillas de establecer podrían ser las siguientes:
  • Reconocer el trabajo bien hecho. Valorar a los empleados y que sea reconocido públicamente, es algo que a nadie deja indiferente.
  • Achatar la pirámide. Intentar crear grupos de trabajo tendentes a una estructura organizativa más plana, evitando en la medida de lo posible, la dependencia jerárquica, creando líderes que no jefes, que sean seguidos y admirados por el equipo de forma natural.
  • Comunicación. abrir canales de comunicación e información que permitan conocer las inquietudes del personal en todo  momento, ello generará nuevas ideas que podrán ser aprovechadas en futuros procedimientos más efectivos.
  • Evitar humillaciones innecesarias. Así como es muy motivador que un empleado sea elogiado en público, supone el efecto contrario si no se le reprende en privado.
  • Formación. Aproveche el crédito de formación de su empresa, no le cuesta nada. Intentar unir las inquietudes de las personas con sus necesidades en el puesto de trabajo resultará mucho más productiva y creará un valor añadido tanto en el empleado como en la organización.
  • Promoción interna. Es muy motivante pensar que cuando haya una vacante serán los empleados los primeros candidatos al puesto, acudiendo al exterior solamente en caso de no encontrar el perfil adecuado dentro.
  • Recompensas. Instalar un sistema de recompensas en la mayoría de los casos no resulta complicado (empleado del  mes, horas de libre disposición, sistema de premios o regalos por contribuciones específicas), existen multitud de posibilidades.
  • Fuera de la oficina. Organizar eventos de trabajo en un entorno distinto suele ser del agrado de la mayoría de las personas, ya que se produce una relajación de las posibles tensiones y ayuda a crear vínculos más sólidos entre los miembros de la compañía.
  • Implicación directiva. Los empleados deben ver, sobre todo en periodos de crisis, que la implicación y el trabajo de gerencia es igual o mayor que el de ellos, ello facilita que se acorten las distancias produciendo empatía y generando compromiso.
Aplicar alguna de las medidas anteriores, no produce una inversión económica que pocos se puedan permitir, es sencillo y aplicable en corto periodo de tiempo.
Como dice la frase que ya se ha hecho célebre en un conocido programa de tv, ¿es magia? no, es inteligencia emocional. Con ella se puede lograr un ambiente más feliz.

 

 

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