20 de julio de 2017

PRODUCTIVIDAD Y PRESENCIALISMO, UNA COMBINACIÓN TÓXICA EN EL TRABAJO

PRODUCTIVIDAD Y PRESENCIALISMO
Hace unos días, un responsable de personal de una compañía de volumen medio de trabajadores, me comentaba que aunque su jornada laboral se extendía hasta las 19h, pocas veces su equipo salía del trabajo antes de las 21 o incluso 22h, y lo más preocupante del asunto, es que como "responsable" veía del todo normal esta cuestión, amparándose en que el trabajo siempre debe quedar hecho.

¿Que hace que una compañía tenga que alargar en 2 o 3 horas su jornada diaria para sacar el trabajo adelante? 

¿Se puede dar normalidad a situaciones como esta desde los departamentos de personal? 💻

¿Dónde quedó la regla de los tres ochos en RRHH? 🎯

¿Puede adaptarse este tipo de cultura a la revolución tecnológica a la que estamos asistiendo? 

Son preguntas que deberían hacernos reflexionar sobre el funcionamiento de las organizaciones, sobre todo en aquellas, donde los recursos no es el problema, y curiosamente la flexibilidad es escasa o nula, ya que si pretendemos ser un país productivo, que no presencial, estilos de dirección presencialistas ponen en peligro la eficacia, la eficiencia y el bienestar de toda la organización.
Y con ello  me gustaría dejar de manifiesto, que tampoco estoy de acuerdo con las prácticas del tipo "boli caído" o el "escaqueo" en el puesto de trabajo, en mi opinión, actitudes que denotan una total y absoluta falta de implicación con el puesto, comúnmente llevadas a cabo por aquellos trabajadores que piensan que todos los derechos laborales les pertenecen y ninguna de sus obligaciones reales les son de aplicación para con su labor.

Quizá la respuesta venga definida, por resultar en muchos casos, una combinación errónea entre dos fuerzas.

No pocas veces he asistido a situaciones en las que el "jefe" posee una cultura participativa, cooperadora y responsable hacia sus personas, y estas corresponden a estos valores con total y absoluta despreocupación, abstrayendo su compromiso a la justificación del mediocre cumplimiento de lo que se espera de ellas (productividad).

Pero también resulta del todo cierto, que todavía quedan muchos directores de personal, que alimentados por una cultura arcaica, obsoleta y fuera de lugar para los tiempos en los que vivimos (presencialismo), alimentan su ego imponiendo a sus trabajadores una forma de trabajo lejana de la productividad, construida a base de horas, como si el presencialismo fuese el "abc" del funcionamiento de una empresa, alejando la motivación, el entusiasmo y la creatividad de las filas de la organización. Paradógicamente aquí encontramos a personas que trabajan sin quejarse, incluso a costa de su bienestar emocional.

¿DONDE RADICA ENTONCES EL PROBLEMA?


Aparentemente en la peligrosa combinación entre la cultura empresarial y la cultura de la fuerza de trabajo. Una falta de alineación entre valores, inquietudes e intereses mutuos, que a la larga evita el avance.


¿Cuantas veces de analiza la compatibilización entre empresa y trabajador antes de contratación?

A menudo observamos trabajadores que poco merecen el puesto que ocupan, y "jefes" que desprecian en mayor o menor medida el trabajo que realizan las personas que sacan adelante sus proyectos.

Otro problema asociado, es la poca cohexion en los equipos de trabajo. Para que un equipo de trabajo funcione de forma corecta, el objetio final del proyeto debe ser compartido por todos y cada uno de sus miembros, desde el respeto hasta la implicación, en unos cánones de conducta instrumentalizados con una cultura común, alejada del egocentrismo y tenderte a la cooperación, liderado por una persona capaz.


¿QUE DEBERÍAMOS ENTENDER POR IMPLICACIÓN?


                     

Caballo de batalla en muchas empresas, la implicación se desvirtúa en función de parámetros ajenos completamente a su significado real.

El sentimiento de pertenencia, de ser valorado, escuchado y bendecido por el trabajo bien hecho, escasea en muchos departamentos que se hacen llamar de Recursos Humanos, pero también es cierto que la complicidad, el esfuerzo y la dedicación por parte de algunos trabajadores resulta un bien escaso cada día más, sobre todo en las nuevas generaciones, en las que hemos afianzado desde niños la idea de que para conseguir un objetivo no necesariamente debes esforzarte al máximo. Asistimos a una combinación errónea y devastadora.

Ahora bien, ¿la implicación conlleva intrínsecamente el presencialismo?

En mi opinión nada está más lejos. La implicación debería entenderse como el camino más adecuado para sacar la mejor versión de tí mismo, con un afán constante de mejora tendente al autoreconocimiento, que nada tiene que ver con el presencialismo. Que una persona permanezca en el trabajo más horas, no significa que la productividad actúe de igual forma en la ecuación.

Diversos estudios avalan que transcurridas más de 6 horas trabajando, la productividad va cayendo con tendencia a 0. Por lo que si queremos sacar lo mejor de las personas, nunca deberíamos alargar la jornada, sino buscar la eficacia, la motivación y el entusiasmo, en definitiva trabajar de forma mas inteligente.

Si bien es cierto, que siempre existirán sectores que requieran la presencia de personas en largas franjas horarias, también lo es, que la implacable aparición de la robótica en los procesos de trabajo hará que la tendencia disminuya, aportando a los individuos un margen mayor de tiempo libre, incluso dicen los expertos, que mayor de la expresada por la regla de los tres ochos ( 8 horas de trabajo, 8 de tiempo libre y 8 para dormir).

Las grandes ciudades hace que el tiempo dedicado al trabajo sea de entre 9 y 11 horas por los largos desplazamientos, por lo que si queremos una economía productiva, con gente implicada y motivada, deberíamos ir hacia modelos productivos que retribuyan por el trabajo realizado y no por las horas presenciales en el mismo. Aquí la flexibilidad juega un papel importante (más allá de entrar o salir dentro de una franja).

Desterremos ya culturas obsoletas, que se alejan de lo realmente importante, las compañías deben tender hacia el rendimiento, la responsabilidad social y contribuir al bien general, y las personas debemos acompañarles en el proceso, intentando ser mejores cada día, aportando nuestra mejor versión y optimizando los recursos de los que disponemos, y eso, no siempre está unido a largas jornadas de trabajo.








Fotos: emp-online  
entreparentesis.org

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